Botorrita, ¡digamé!

El telefono llegó tarde a nuestro pueblo, en los años 60. En esos primeros años había muy pocos abonados, la central y un puñado de números más. Al frente Anica Lopez y Pepe Boldova.

Cartel como el que había en la entrada de la central de Botorrita.
Cartel como el que había en la entrada de la central de Botorrita.

Las concesiones que hacía Telefónica entonces en los pueblos eran con unos «contratos familiares». Así se garantizaba que el servicio estuviera cubierto las 24 horas del día. Generalmente estaba a nombre de la madre de familia, la compañía pagaba un sueldo pero estaba inscrita como autónoma. La instalacion estaba ubicada en la casa de la familia y la compañía ponía todo el material telefónico.

Parece que han pasado siglos, ahora es todo muy distinto, las llamadas son inmediatas…

Para comunicarse dos personas, tenía que ser a través de una conferencia con centralita manual. Se tenía que utilizar una manivela para llamar a los abonados y tambien a la centralita de la que dependía, la del municipio vecino de Muel, que sí era automatica. Tenían que intervenir dos personas de distintos municipios para poderla llevar a cabo.

Teléfono con magneto y centralita para un máximo de 30 abonados, así era la central de Botorrita en los años 70.
Teléfono con magneto y centralita para un máximo de 30 abonados, así era la central de Botorrita en los años 70.

Cuando se hizo cargo en 1972 Juana Domenech y Juan Antonio Cifuentes habia menos de 30 abonados. Se construyeron dos habitaciones para «Teléfonos» unidas a la casa del maestro: una donde estaba la centralita y otra donde estaba el locutorio y la sala de espera.

Desde 1981 fue Rafaela Vaquerizo la persona que llevó el servicio y los abonados sobrepasaban los 80.

Centralita telefónica de Botorrita en los años 80
Centralita telefónica de Botorrita en los años 80.

Cuando alguien de Zaragoza u otro lugar, quería hablar con un vecino del pueblo que no tenía teléfono, tenían que ir a avisarle de la llamada en ese momento para que fuera al locutorio. Solía ser para cosas urgentes o graves. Más adelante existió el «aviso de conferencia», un servicio especial. Alguien llamaba a la centralita y dejaba recado de que quería hablar con cierta persona, se le avisaba, yendo a su casa, de que un día y hora determinado lo iban a llamar y debía estar en «Telefonos».

Había una cabina telefónica dentro de «Teléfonos» para todo aquel que no era abonado, que no tenía teléfono en casa, pero tampoco era automatica. Desde la ventanilla se decía el lugar y el número al que se quería llamar y a través de Muel se ponía la conferencia.

Hasta 1980 solo había una línea de entrada y salida que iba hacia Muel, de quién dependiamos; si había una llamada en curso, entrante o saliente, ya no podía hacerse ninguna llamada más. Había que esperar a que terminara. Y a veces suponía un gran problema. Había dos fábricas en el pueblo que estaban en constante contacto con sus oficinas en la capital, y la línea estaba muchas veces ocupada.

Si un usuario quería hablar con alguien, disponia de un telefono con manivela, que tenía que hacer girar para ponerse en contacto con la centralita. Caía la chapita de su número en la central, y la operadora sabía que ese número deseaba hacer una conferencia, daba los datos del lugar y del número. La centralita de Botorrita llamaba a la de Muel manualmente, haciendo girar también la manivela. Se le indicaban esos mismos datos y los del abonado de Botorrita que hacia la conferencia. Y se hacia, por fin,… la llamada.

Última centralita en los años 80, ya era automática y podia dar servicio a 100 abonados.
Última centralita en los años 80, ya era automática y podia dar servicio a 100 abonados.

Había que estar pendientes y preguntar de vez en cuando «¿hablan?» para medir el tiempo que había que facturar y para dejar la linea libre para otros usuarios, porque nada indicaba que habían colgado. Después había que llamar a Muel para avisar de que habían terminado y para que nos dijera el tiempo de conferencia para facturar.

Existia la llamada a cobro revertido, se cobraba la llamada ademas del servicio especial, el que recibía la llamada era el abonado que pagaba, siempre bajo su autorizacion.

Se llevaba un registro de todas las conferencias que se realizaban, y había que puntearlas todos los dias a las 10 de la noche con Teresa, la telefonista encargada de Muel.

En los ultimos años, a partir de 1983, se automatizó la instalación y no dependía de otras poblaciones, pero si había tres poblaciones que dependían de nosotros. Fue centro colector de Jaulin, también de Valmadrid y La Puebla de Albortón que compartían una misma línea.

Si se quería hacer una llamada de Botorrita a Zaragoza el usuario levantaba el teléfono, entonces se encendía una luz en la centralita debajo de su número y tras comunicar localidad y número, se hacia la llamada. Si contestaban, había que poner en marcha el cronómetro hasta que termimaba la conferencia. Cuando colgaba el abonado, se apagaba la lucecita. Había tres líneas automáticas para los cuatro pueblos y se podian recibir llamadas desde 5 lineas diferentes. ¡Todo una autopista!

Sala de espera, telefonos de Botorrita
Sala de espera.

Botorrita tenía que llevar la contabilidad de todas las llamadas de los 4 pueblos, luego las confrontaba con Zaragoza y una vez revisadas le pasaban la factura a los abonados.

En 1987 esta centralita desapareció, siendo la última en cerrarse en todo Aragón junto con Fuendetodos, Jaulín y Puebla de Albortón. Reunieron a todas sus telefonistas y les hicieron un pequeño homenaje en Fuendetodos. El último pueblo de España en cerrar fue Polopos en Granada en diciembre de 1988.

Los teléfonos en Botorrita a partir de ese momento, se hicieron totalmente automáticos, con la tecnología más avanzada de toda España.

Texto y dibujos:
Inmaculada Cifuentes, Lda. en Geografía.

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